22 MAR.

2018

Corporativo , Noticias ASG , ISR , Temas

Las finanzas, en el lugar que les corresponde

Esta mañana ha tenido lugar en Bruselas un acontecimiento que concierne al futuro de la humanidad en la Tierra.

¿Qué ha sucedido? ¿Una cumbre de superpotencias nucleares? ¿Un congreso de expertos en biodiversidad que velan por salvar lo que aún pueda salvarse?

Nada de eso. Es la puesta del largo del plan de actuación de la Comisión Europea por las Finanzas Sostenibles, en presencia del presidente de la República Francesa, Emmanuel Macron. A una mayoría le costará ver qué relación, cercana o distante, guarda el «futuro de la humanidad en la Tierra» con una cita de apariencia tan anodina y, paradójicamente, volcada en las finanzas, como reza su propio título.

Pero sí la tiene. Diez años después de que el equilibrio económico del planeta se tambaleara, por suerte ya no es raro que tras «finanzas» aparezcan los calificativos «sostenibles», «verdes» o «responsables». Sin entrar a debatir la realidad efectiva, transversal y absoluta de esa recuperación de la moralidad, el camino recorrido es plausible. Era lo menos que cabía esperar, qué duda cabe, pero ¿acaso era una obviedad hace diez años?

Hoy día, pues, Emmanuel Macron, que ha convertido la lucha contra el calentamiento climático en uno de los ejes esenciales de su presidencia, asistirá a la presentación del nuevo marco financiero planteado a Europa, que tiene un objetivo claro: contribuir a construir una economía más verde y sostenible y cumplir el objetivo climático del Acuerdo de París. En otras palabras, cómo fomentar la financiación de proyectos que permitan a Europa erradicar el calentamiento climático. O, simplemente, cómo encauzar el capital hacia el bien común.

Este hecho ya viene siendo protagonista en la industria financiera, no obstante, para  llegar a ello han sido necesarios diez años. Ciertamente, la transformación está sólo comenzando y no es consistente. En Asia está en fase inicial y en Estados Unidos es incipiente, mientras que en Europa ya es relevante en todos los estratos del sector.

Los mecanismos de financiación de la economía, y en particular de las empresas, están cambiando —radical y perdurablemente— gracias al impulso de un número cada vez mayor de inversores avezados. Los inversores priman ya los proyectos «sostenibles», la óptica largoplacista, las empresas conscientes, activas y altruistas. Los inversores quieren poder valorar la repercusión de sus inversiones. Sus proveedores de servicios financieros, y entre ellos primeramente los gestores de activos, tienen el cometido de brindarles mecanismos para ello y soluciones para guiarles hacia un crecimiento sostenible y una economía inclusiva.

Hay que alabar a la Comisión Europea por la rapidez con la que ha sabido dar forma a una propuesta ambiciosa, que se quedará en papel mojado sin una política económica igual de determinante. Las finanzas europeas tienen mucho que ganar si aprovechan esta oportunidad y, como cabe esperar del plan de actuación, fortalecen su primacía en finanzas sostenibles, pues si contribuyen a convertir Europa en tierra de acogida para la inversión sostenible y las tecnologías de bajo contenido en carbono, afianzarán su legitimidad y supremacía técnica de cara a las próximas décadas.

En una época en que al mundo no le queda más remedio que cambiar a fondo sus hábitos de consumo para evitar lo irremediable y preservar el legado de futuras generaciones, los actos de todos y cada uno de nosotros deben regirse por un interés superior. En torno al concepto de finanzas sostenibles, el sector financiero ha sabido recobrar todo el sentido de su utilidad social y ahora pretende protagonizar dicha iniciativa.

Naïm Abou-Jaoudé es director general de Candriam, una de las principales gestoras de activos europeas, y presidente de New York Life Investment Management International