En 2017 ya nos interesábamos por las consecuencias del aumento del comercio electrónico para el medio ambiente. Escribíamos entonces que «en función del contexto, el comercio electrónico podría representar la punta del iceberg de las tecnologías verdes» y «demostrar la pertinencia de las nuevas tecnologías para la transición energética».1

Este crecimiento ha mantenido un buen ritmo: en los 5 últimos años, el volumen de negocio de las ventas minoristas en línea ha crecido el 165%, hasta representar 3.535.000 millones de dólares en 20192.

Además, al crecimiento cada vez más rápido previsto para los próximos años se ha añadido, en 2020, el efecto de aceleración de la crisis del Covid 19 – que ha supuesto un nuevo revés para un gran número de comercios físicos.

¿Cómo evaluar de manera justa el coste medioambiental de este boom del comercio electrónico? Actualmente, en un momento en el que cada sector pretende esclarecer su impacto medioambiental y poner en marcha medidas para atenuarlo, creemos que es más razonable que nunca considerar el tema bajo la perspectiva específica de su impacto sobre el cambio climático.

Un sector de alto impacto para el clima

La transición hacia nuevos modos de vivencias sociales (teletrabajo, distanciamiento, etc.), experimentada de manera muy específica en 2020, no es neutra desde un punto de vista medioambiental, en particular debido al hecho de los vínculos entre las conductas de consumo y la utilización de medios de transporte. En efecto, este sector genera por sí solo el 21%3 de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en Europa. Junto con la producción de electricidad, éste es el sector que se deberá descarbonizar con mayor rapidez para permitir a la Unión Europea reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero en el 44% desde ahora hasta 2030 con respecto al nivel actual.4 De dicho 21%, cerca de tres cuartas partes son generadas por el transporte por carretera, principalmente los vehículos individuales y los pequeños vehículos industriales utilizados por los repartidores del comercio electrónico.

A primera vista, el interés del desarrollo del comercio electrónico para el clima parece por lo tanto evidente. Por un lado, las decenas de desplazamientos en vehículos individuales con motores de combustión hacia los centros comerciales. Por otro, un único trayecto del repartidor que lleva a todas estas personas los bienes que desean adquirir. Además de las consecuencias sociales de este cambio de conducta, que no se tratarán aquí, el impacto del comercio electrónico sobre las emisiones de GEI depende en gran medida del modelo de compras al que sustituye, así como de su impacto sobre nuestras conductas de consumidores a escala general.

Emisiones de GEI de los vehículos

Por supuesto, un vehículo individual emite CO2, pero ocurre lo mismo con un vehículo de reparto. Debido a su peso y a su tamaño superiores, éste último emite considerablemente más CO2 que un vehículo individual.

Además, todos los consumidores no utilizan vehículos individuales para visitar los centros comerciales. Algunos habitan en ciudades, donde las distancias son más cortas y se dispone de servicios de transporte público que emiten poco CO2. En realidad, solo una transición masiva hacia vehículos 100% eléctricos permitiría al comercio electrónico en las ciudades, emitir menos GEI que si los consumidores se desplazaran en metro, bicicleta o incluso a pie a las tiendas para llevar a cabo sus compras.

Por otra parte, la transición del parque de vehículos individuales hacia modelos 100% eléctricos desde ahora hasta 2030 en Europa reducirá la ganancia marginal de emisiones de GEI aportada por el comercio en línea, reduciendo de este modo el atractivo del comercio electrónico para el clima desde este punto de vista.

Cambio de las conductas de consumo

Los razonamientos que comparan el comercio electrónico con el comercio minorista con frecuencia se llevan a cabo como si todo fuera igual, y como si el desarrollo del comercio electrónico no generase cambios en los modos de consumo.

Se habla de «sustitución» cuando el comercio electrónico sustituye una compra que se habría realizado en una tienda.

Pasamos un poco por encima  la posibilidad de que el comercio electrónico aumente nuestra propensión a consumir, así como sobre las externalidades medioambientales que se derivan de este hecho. Esta cuestión ya ha sido objeto de numerosos estudios, sin que ninguno de ellos haya podido aportar una respuesta definitiva, debido a la diversidad de hábitos, de tipos de productos, y a la dificultad de modelizar lo que habría sido la conducta de un consumidor si no existiera el comercio electrónico.

La facilidad ofrecida por un sencillo clic, la disponibilidad de miles de productos en un mismo emplazamiento, y la posibilidad de comprar productos muy variados mediante una única operación son elementos que contribuyen al éxito del comercio electrónico, pero que pueden asimismo explicar su impacto sobre el volumen de bienes consumidos.

Por supuesto, éstos no son los únicos factores. En el sector de la moda, por ejemplo, la renovación casi permanente de las colecciones, junto con unos precios de venta extremadamente bajos, contribuyen al crecimiento de los volúmenes de ventas.

Gestión de las devoluciones

Un aspecto más sutil que la cantidad de bienes comprados a través del comercio electrónico es el de los bienes comprados con la intención de devolver una parte porque no nos gustan o porque no resultan adecuados.

Aquí de nuevo aparece el sector textil. Los estudios dedicados a este tema5 muestran que el porcentaje de devoluciones tiene un impacto importante sobre las emisiones de GEI del comercio electrónico. Estas devoluciones incrementan las emisiones globales de GEI debidas al comercio electrónico y perjudican su impacto medioambiental, aún más si, como ya ha ocurrido, los productos devueltos se reenvían a Asia para ser reacondicionados, o si, de acuerdo con las alegaciones de una ONG en contra de Amazon, son simplemente destruidos.6 Se debe subrayar que el recurso sistemático a la devolución de productos se ha impuesto actualmente en el comercio en tiendas, forzado a alinearse con las prácticas del comercio en línea para mantener su competitividad.7

No hay vuelta atrás, sino varios caminos hacia adelante

Como muchas innovaciones derivadas de cambios tecnológicos, el desarrollo del comercio electrónico no aporta de manera automática una mejora en términos del impacto medioambiental de nuestras actividades. Este impacto depende ante todo del uso que hagamos de estas nuevas posibilidades. Si el comercio electrónico se convierte en el pretexto para el consumo excesivo de bienes poco sostenibles de los que una gran parte es devuelta, su impacto para el cambio climático corre el riesgo de aumentar, en contra de nuestros objetivos de neutralidad de carbono.

Por lo tanto, nuestro análisis de las empresas del sector y los diálogos sobre los aspectos ESG que mantenemos con ellas, pretenden promover su transición rápida hacia flotas de vehículos 100% eléctricos, en las que el aprovisionamiento de estos vehículos y de sus infraestructuras informáticas se realice mediante energías 100% renovables. Estas dos medidas no evitarán otros impactos negativos, en especial para la producción de residuos o el consumo de otros recursos naturales. Pero representan una respuesta creíble a la emergencia climática para un sector cuyo impacto sobre el clima no deja de aumentar.

 


1 https://www.candriam.be/siteassets/image/marketinsights/sri/bricks-and-clicks-offers-the-most-sustainable-retailing-model/candriam-short-paper-e-commerce-publication.pdf

2 https://www.statista.com/statistics/379046/worldwide-retail-e-commerce-sales/

3 Datos de Eurostat

4 La Unión Europea se ha comprometido dentro del marco del Acuerdo de París a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero en el 45% desde ahora hasta 2030 con respecto a su nivel de 1990. En 2019, la Comisión Europea ha revisado este objetivo al alza, comprometiéndose a una reducción del 55% desde ahora hasta el 2030 y a alcanzar la neutralidad de carbono desde ahora hasta 2050. Dicho objetivo del 55% representa una reducción del 44% con respecto al nivel de emisiones del año 2019.

5 Ver Cullinane, S., et al. (2019). Retail clothing returns: A review of key issues. Contemporary Operations and Logistics, Palgrave Macmillan, Cham: 301-322.

6 https://www.amisdelaterre.org/destruction-de-produits-neuf-fin-de-l-impunite-pour-amazon/

7 “Retailers rethink returns policies as increase in ‘serial returners’ impacts bottom line”, https://home.barclaycard/press-releases/2019/05/retailers-rethink-returns-policies-as-increase-in--serial-return/