Se ha hablado durante mucho tiempo acerca del hidrógeno como la fuente de energía del futuro. No obstante, aunque los científicos esperan que la tecnología de hidrógeno se convierta en una herramienta importante del suministro de “energía limpia”, todavía no existe la tecnología que pueda llevarlo a cabo con un coste asequible y a gran escala. Este hecho está cambiando rápidamente y los gobiernos están apoyando la energía basada en hidrógeno a través de sustanciales inversiones públicas e incentivos empresariales, lo que representa una multitud de oportunidades para los inversores.

Por una parte, la demanda de hidrógeno se verá impulsada por los progresos tecnológicos que permitirán su utilización con el fin de reducir la huella de carbono de los sectores que requieren grandes cantidades de energía como la producción de acero y de cemento. Por otra parte, se prevé que la utilización de hidrógeno en la producción de energía se multiplique por 4 a 16 veces en comparación con el nivel actual. De acuerdo con IRENA y el Consejo del Hidrógeno (“Hydrogen Council”), dicho incremento equivaldrá a aproximadamente 19-80 exajulios (EJ) en 2050, lo que se corresponde con una capacidad de 4TW-16TW para la energía solar y eólica.

El hidrógeno se puede utilizar asimismo para el almacenamiento de energía, una función importante que contribuirá a la producción de energía neutra en carbono. En realidad, los niveles de producción de las energías renovables cambian en función de las condiciones climatológicas, lo que ocasiona la generación de una energía insuficiente en determinados momentos. Por ejemplo, de acuerdo con McKinsey & Co, la generación de energía solar produce un 60% menos de electricidad en comparación con el verano, mientras que el consumo de los hogares es aproximadamente un 40% superior en comparación con el verano, debido a los requisitos de calefacción, así como a los de iluminación debido a los días más cortos.

Cuando la producción de energía renovable supere la demanda, el excedente de energía se puede dirigir a través de un electrolizador a la producción de hidrógeno “verde”, el cual, a su vez, se puede almacenar y reconvertir en electricidad cuando la producción renovable de electricidad sea baja. Este proceso hace que el hidrógeno sea una solución clave para el problema de la intermitencia estacional de la energía procedente de fuentes renovables, así como una fuente de flexibilidad en la producción.

Dicha flexibilidad es importante porque sin ella las energías renovables no lograrán la sostenibilidad requerida para convertirse en una fuente de energía predominante. El alto porcentaje de renovables en el suministro global de energía implicará la creación de un requisito de almacenamiento a largo plazo y estacional, que se podrá utilizar para producir electricidad durante los periodos en los que no existe suficiente viento o sol.

La producción de energía renovable y de energía basada en el hidrógeno son tecnologías de carácter sinérgico, por lo que el éxito de una facilita el desarrollo de la otra. Un incremento del porcentaje de energías renovables en el suministro global de electricidad supondrá una reducción del coste de la electricidad. A su vez, esto hará que el hidrógeno sea una opción más competitiva para el almacenamiento de energía, lo que facilitará un mayor potencial de integración y desarrollo de las energías renovables, creando una importante oportunidad para acelerar la transición energética en este sector.

Sin embargo, el hidrógeno todavía no constituye una opción competitiva seria para el sector energético. Existen también obstáculos adicionales en el ámbito regulatorio, el desarrollo de infraestructuras y los progresos tecnológicos. No obstante, consideramos el hidrógeno como un potencial catalizador para la creación de valor a largo plazo en el sector energético. Creemos que una firme acción política hacia la descarbonización acelerará el proceso para que el hidrógeno se convierta en una fuente de energía alternativa poderosa y económicamente viable.