El envejecimiento de la población y las consecuencias de la pandemia aumentarán significativamente la prevalencia de enfermedades mentales en los próximos años. La inversión será fundamental para cubrir las necesidades existentes y desarrollar nuevos tratamientos, en particular contra la enfermedad de Alzheimer.

A menudo reducida a patologías psiquiátricas, la salud mental en realidad abarca un campo mucho más amplio. Se calcula que mil millones de seres humanos sufren trastornos ansioso depresivos, del desarrollo, neurocognitivos, etc. Poco conocidas, subestimadas y, en ocasiones, estigmatizadas, actualmente se enumeran más de 500 enfermedades mentales con diversas consecuencias. Según la OMS, su prevalencia no deja de aumentar. La depresión, la enfermedad del siglo, afecta a 350 millones de personas al año. La demencia es una epidemia galopante con la que conviven casi 55 millones de personas. Un número que ascenderá a 139 millones en 2050 a medida que la población envejezca. En los países de ingresos bajos y medianos, las tres cuartas partes de estas enfermedades no están cubiertas.

Costes sociales, económicos y humanos

Los costes socioeconómicos de la salud mental son particularmente altos. Según la OMS, los costes relacionados con la demencia alcanzaron los 1,3 billones de dólares en 2019 y se espera que se dupliquen antes de 2030. Una estimación relativamente optimista que no tiene en cuenta los numerosos impactos directos e indirectos de la pandemia, que aún son difíciles de cuantificar con precisión (ver recuadro). El problema no es nuevo. Dos años antes de la crisis sanitaria actual, el Instituto Nacional de Salud Mental estadounidense (NIMH) ya subrayaba los efectos nocivos de no cubrir la salud mental ni la adicción a las drogas. El peso financiero para empresas norteamericanas se estimó entonces entre 80 y 100 mil millones de dólares al año. Al mismo tiempo, la Alianza Nacional sobre Enfermedades Mentales estimó en un 35 % la pérdida de productividad de un trabajador con depresión no resuelta.

Las principales organizaciones internacionales lo tienen claro: la salud mental es una inversión rentable. Por cada dólar invertido en el tratamiento a gran escala de trastornos mentales comunes como la depresión y la ansiedad, los beneficios en salud y productividad se multiplican por cinco. Detrás de estos asuntos estratégicos, la salud mental sigue siendo un vector de mortalidad prematura. Según la OMS, la esperanza de vida de los pacientes se reduce de diez a veinte años.

Mejorar la prevención y la detección

Aunque sean muy diferentes, los trastornos mentales graves tienen una cosa en común: no existe cura. No obstante, varios tratamientos logran reducir los síntomas o hasta ralentizar el proceso de degeneración (ver recuadro). Según los especialistas, la detección es actualmente la mejor forma de prevenir la aparición de trastornos mentales, lo que no siempre es posible. En el caso de la enfermedad de Parkinson, la eficacia del diagnóstico clínico en una fase inicial se estima entre el 50 y el 70 %. Un estudio europeo1 sin embargo, tiende a demostrar que una simple prueba de cultivo nasofaríngeo podría detectar la patología varios años antes de que aparezcan los primeros síntomas.

En plena efervescencia, el progreso tecnológico podría contribuir a esta detección temprana. Entre otras palancas, la inteligencia artificial debería desempeñar un papel importante, como sugiere un estudio de la Universidad de San Francisco2. A partir de un simple análisis de escáneres cerebrales, su algoritmo puede detectar la presencia de esta patología de media seis años antes que los humanos. Otro ejemplo significativo: un algoritmo en desarrollo en una universidad de California3 puede detectar actualmente tres formas diferentes de autismo durante el embarazo con un 100 % de precisión.

Nuevas vías terapéuticas

A pesar de las dificultades encontradas, la investigación contra las enfermedades mentales no amaina. Algunos proyectos científicos incluso están esbozando nuevas perspectivas terapéuticas. Investigadores estadounidenses y húngaros4 han logrado equilibrar la comunicación entre dos tipos de neuronas de la corteza prefrontal gracias a ARNm específicos. Un gran avance que podría conducir al desarrollo de nuevos remedios para la esquizofrenia, la depresión y los trastornos del espectro autista.

Pasando a otro tema, un equipo de investigadores de la universidad de Copenhague5 habría encontrado una manera de cruzar la barrera hematoencefálica para permitir que ciertos compuestos neuroprotectores lleguen al cerebro usando nanopartículas. Este descubrimiento, probado con éxito en ratones, podría mejorar radicalmente la eficacia de los fármacos utilizados contra la epilepsia, el párkinson y el alzhéimer.

Más concretamente, una molécula indicada en el tratamiento de los síntomas de la hiperplasia prostática benigna disminuiría las posibilidades de desarrollar párkinson. Según los resultados de un estudio observacional realizado en Dinamarca y Estados Unidos6, el nivel de riesgo se reduciría del 12 al 37 %. Estos investigadores ahora quieren confirmar estos resultados en un ensayo clínico aleatorizado.

En primera línea, los inversores naturalmente desempeñarán un papel decisivo en la realización de todos estos proyectos. Como inversor en el sector sanitario, Candriam identificará y apoyará las iniciativas más relevantes y útiles para la gran mayoría. A través de su red de expertos, promoverá a las empresas que producirán las soluciones del mañana.

Alzhéimer: ¡un nuevo fármaco 20 años después!

Algo que no ocurría desde 2003. Veinte años después de la autorización del último tratamiento contra el alzhéimer en Estados Unidos, la FDA aprueba un nuevo fármaco. El aducanumab, aprobado oficialmente el pasado junio, tiene la capacidad de ralentizar el deterioro cognitivo de los pacientes. Considerado una innovación revolucionaria, se aceleró la autorización de este anticuerpo monoclonal humano, un privilegio otorgado a productos que brindan importantes beneficios terapéuticos en comparación con los tratamientos existentes. Gracias a los numerosos trabajos de investigación realizados en los últimos años, varios fármacos deberían completar pronto el arsenal terapéutico: actualmente se encuentran en desarrollo clínico 126 moléculas, 28 en fase III. Las necesidades sanitarias son considerables. Aumentarán aún más en los próximos años debido al envejecimiento de la población y al impacto de la pandemia. Según el Informe mundial sobre el alzhéimer, 100 millones de personas sufrirán esta enfermedad en 2050, en comparación con 35 millones en 2015.

 

Enfermedades mentales: el impacto de la crisis

El impacto directo e indirecto de la pandemia en la salud mental aún es difícil de evaluar, pero ha empeorado una situación sanitaria ya precaria, especialmente entre los niños y adolescentes. Según la OMS, habrá «consecuencias a largo plazo y de gran alcance». Las primeras evidencias están llenando la literatura científica internacional. Entre otras revelaciones, un estudio publicado en The Lancet Psychiatry desvela que las personas con trastornos psicóticos o del estado de ánimo, adicciones o discapacidad intelectual se exponen a un mayor riesgo de desarrollar una forma grave de la enfermedad. La COVID-19 ha afectado a los servicios esenciales de salud mental o los ha interrumpido, por lo que también se asocia con la aparición de trastornos psiquiátricos, como demuestra un estudio italiano. La pandemia dejará su huella en personas de todo el mundo, es inevitable. Según un estudio británico, el 34 % de los pacientes recuperados desarrolla un trastorno neurológico o psiquiátrico en los seis meses posteriores a la infección.

 


(1) «Alpha-synuclein seeds in olfactory mucosa of patients with isolated REM sleep behaviour disorder», Brain (abril de 2021).

(2) «A deep learning model to predict a diagnosis of Alzheimer disease by using F-FDG PET of the brain», Radiology (noviembre de 2018).

(3) «Risk assessment analysis for maternal autoantibody-related autism (MAR-ASD): a subtype of autism», Molecular Psychiatry (enero de 2021).

(4) «Cell Surface Protein mRNAs Show Differential Transcription in Pyramidal and Fast-Spiking Cells as Revealed by Single-Cell Sequencing», Cerebral Cortex (julio de 2020).

(5) «Post-capillary venules are the key locus for transcytosis-mediated brain delivery of therapeutic nanoparticles», Nature Communication (julio de 2021).

(6) « Association of Glycolysis-Enhancing α-1 Blockers With Risk of Developing Parkinson Disease », JAMA Neurology (febrero de 2021).